Desapego sin anestesia 2

Parte 2
Te necesito.
-Exactamente. La expresión te necesito habría que sustituirla por la de te prefiero. Cuando tienes una necesidad, tú no eliges, lo que elige es el impulso. Estás de mal humor, estás irritable porque no está el objeto o la persona.

-Te quiero pero no te necesito, ¿es eso? Si es así, nos cargamos la mitad de las parejas hoy mismo?
-Es que es un cambio de mentalidad y de paradigma. Te necesito no, te prefiero. Te necesito es que esa persona es imprescindible y que tú te conviertes en un vacío.

-¿Socialmente, interesa que mantengamos algunos apegos para anularnos como personas?
-Lógico, hay apegos que están bien vistos socialmente. ¿Cuántos políticos crees que van a leer este libro? ¡Pocos! El desapego es una pesadilla para ellos, porque coqueteas con tres cosas: principios, poder y posesión.

-¿Nuestras necesidades son innatas o han sido creadas por la sociedad de consumo?
-Hay necesidades primarias y psicológicas que son innatas. Hay otras que son secundarias, que son aprendidas y que tienen que ver con los deseos.

-¿Desear algo significa estar apegado a ello?
-No necesariamente. El deseo es un placer proyectado en el tiempo y nos hace humanos. Ahora bien, cuando eres incapaz de renunciar al deseo, estás en el apego.

-Habla de deseos peligrosos. ¿Cuáles serían?
-Son los deseos que afectan a tu salud mental o a tu salud física. Hay deseos que de por sí son peligrosos, como el amor, internet o la belleza. Hay otros que no son tan peligrosos, como la espiritualidad. Te pongo un ejemplo: la bondad. ¿A quién se le ocurriría que ser bueno es un deseo peligroso? Aparentemente, no. Lo que pasa es que puede llegar a ser peligroso si te excedes. Si te excedes en ayudar a los demás, más allá de lo que eres capaz de dar, te quemas.

-Me ha sorprendido que en su libro asegure que tenemos que hablar con nuestros deseos. ¡Nos tomarán por locos!
-Hablar con nuestros deseos es simplemente conectarte con el canal del deseo que, en un determinado momento, te está arrastrando. Por eso digo que hay que aprender a hablar con ellos, a retarlos. Conozco a gente que cuando ha tomado la idea se ha inventado su propio método y le ha funcionado muy bien. Lo más importante, aunque parece mentira, no son las estrategias, es ver lo inútil, estúpido o peligroso de algo. Cuando lo ves, automáticamente te retiras.

-Imagino que no hay nadie que no tenga apegos. ¿Para desapegarse de ellos, hay que tener un espíritu rebelde?
-Totalmente. Uno tiene que ser irreverente con ellos. Rebeldía no es salir gritando contra las cosas, es romper el esquema básico en el que estás metido y poner un nuevo paradigma de vida. En ninguno de los manuales que están saliendo ahora para ser feliz te dicen que hay que rebelarse contra las normas. Ser desapegado es, en cierto modo, ser un subversivo del orden establecido. A mí me gusta el concepto de subversión entendida como una rebelión interior.

-¿Cómo podemos saber si alguien es emocionalmente inmaduro?
-Son personas con baja tolerancia al dolor, no lo soportan. Tienen muy poca tolerancia a la frustración, les horroriza que las cosas no sean como ellos quieren que sean. Finalmente, diría que tienen una ilusión de permanencia, piensan que hay cosas que pueden durar para siempre, y una gran vulnerabilidad hacia el placer que hace que no tengan autocontrol.

-¿La crisis económica actual nos servirá para que nos demos cuenta de la energía que estamos perdiendo con cosas superfluas?
-Las crisis ayudan a eso, sin lugar a duda. Las crisis muestran lo superfluo, lo inútil y las necesidades que te habías creado y de las cuales puedes prescindir. Aprender a prescindir de algo o de alguien es muy importante; cuando lo haces, estás con un pie en la liberación. La crisis puede ser un gran terapeuta sin anestesia para los desapegos. Una crisis implica un cambio de valores y hace que las personas aprendan a desprenderse de muchas cosas por las malas.

-Sin anestesia. ¿Desapegarse de algo o de alguien es asumir que el dolor será inevitable?
-Claro. Una persona cambiará un sufrimiento inútil por un sufrimiento útil, que es el del duelo y la pérdida asumida.

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